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Tarde sin reciclaje

Tarde entera de domingo sentado enfrente del monitor. La excusa: limpiar el correo electrónico, de tres mil correos pasa a una cifra no muy modesta de tres dígitos, considerando que el primero mail recibido tiene fecha de 2005. Y bien, hubo algo de retrospección, abrir algunos de ellos que me parecían que poseerían algún valor histórico o cómico. Muchos de ellos eran reenviados, en los que se contaba alguna anécdota, un llamamiento político, una teoría criminal acerca de algún hecho violento desprendiendose de las altas esferas. Fueron realmente pocos los que poseían valor, los que eran epistolares, los que realmente me interpelaban.
No puedo dejar de sentir un cosquilleante sentido de vacío, de perdida de tiempo, de inutilidad, sobre todo si a estas horas de tedio disfrazado de higiene electrónica le contraponemos por ejemplo, una tarde en antigua o por el lado histórico de a ciudad. Además hace frío y la luna es casi llena y limpia. Asi como son las lunas en esos breves intersticios del invierno. Una noche limpia, una tarde limpia y hermosa en la que no hice mas que limpiar mi bandeja principal del correo electrónico.
además tengo trabajo que hacer. mi documento de tesis de la universidad que ya está totalmente a destiempo. Inconsciente, sigo hurgando en la mediocridad de esta tarde, con el sentimiento de las cosas pendientes que me ha abordado los domingos en la tarde desde que era niño. El fin de semana que iniciaba el viernes en la tarde recien llegando de la escuela y terminaba el domingo en la tarde con una sensación apremiante y de falta de ganas, de tiempo y de energía (luego de haber jugado todo el día) que me llenaba de zozobra al terminar la tarde. Regresaba del picnic, en la palangana del pick up, sobre la colchoneta, al lado de la canasta de las viandas con un atenazante sentimiento de culpa por no haber hecho ninguna de las tareas de la clase. Una vez desperté llorando a mitad de la noche porque, en el sueño talvez, recodé que al día siguiente debía contestar un examen. Obviamente no había estudiado. Mi tío, que ahora no recuerdo por qué, doríam en mi habitación, preocupado por mi llanto, luego de preguntarme si había tenido una pesadilla y luego de contarle yo que era solamente que había recordado lo del examen y que no había estudiado ni siquiera una hoja, toma el cuaderno en sus manos y bastante somnoliento empieza a hacerme preguntas acerca de las notas del curso. Las sabía todas. Dormí profundamente. El tambien, creo.
Se empieza a hacer tarde. El sentimiento de lo perdido ha tomado casi todo. ¿Ahora de que vale ponerse remilgón?
He perdido la tarde.
No he ganado nada.
No hay nada que salvar, mas que una porción de la noche que al menos sirva de anestésico de la conciencia.

Comentarios

acephalex dijo…
lindo domingo te pasaste, huevoneando. como este tu servidor ahora que empieza otro domingo revisando los blogs mas queridos, el tuyo el primero.
love querido

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